
Cómo explico el valor de mi trabajo en educación infantil
Desde LifeSchool presentamos una masterclass para directoras de escuelas infantiles donde abordamos marketing educativo y, sobre todo, cómo comunicar el valor real de la primera infancia con base científica. Tras el interés recibido, repetimos esta formación para directoras el 25 de marzo.
Pero hoy no quiero hablarte como directora, sino como educadora. Porque si trabajas en educación infantil, seguramente te has encontrado en conversaciones incómodas con familias:
“Aquí se pasan el día jugando.”
“A mí me castigaron y salí bien.”
“Un golpe a tiempo es bueno.”
“No entiendo por qué no enseñáis antes a leer.”
Este artículo quiere ayudarte a defender tu labor en educación infantil con argumentos sólidos, frases clave y respaldo científico.
El juego en educación infantil no es perder el tiempo
Muchas veces nos vamos a encontrar con padres que, a modo de crítica negativa, dirán frases como “juegan todo el día en el cole” o incluso con los niños mismos que consideren que están cansados o en busca de atención y cariño; después de estar horas en la escuela, decir algo como “pero si has estado jugando todo el rato”. Ante situaciones así, nos podemos sentir atacadas o sentir la necesidad de justificar al niño.
Una cosa muy común que he visto para justificarse ante comentarios de este estilo es decir rápidamente: “hacemos mucho más que jugar en la escuela”, lo cual es totalmente cierto. Pero contestar rápidamente eso hace pensar que un niño que juega mucho tiempo en la escuela podría ser malo. Nosotras sabemos lo importante que es que los niños jueguen. Por eso es necesario que nosotras no seamos las que le quitemos valor.
El juego en la etapa infantil es importante para su desarrollo y es el trabajo principal que deberían estar haciendo. Os voy a dar unas frases que respaldan esta idea para dejar claro que sí juegan, continuarán jugando, es un pilar fundamental de la escuela infantil y, además, también hacen otras cosas.
Primero veamos una frase lapidaria de Jean Piaget, pionero de la psicología evolutiva y reconocido por sus estudios sobre la infancia, ya nos advirtió en 1956:
"El juego es el trabajo de la infancia."
Nos cuenta la Dra. Karyn Purvis, psicóloga del desarrollo, sobre el juego:
"En estudios recientes determinaron que se necesitan aproximadamente 400 repeticiones para crear una nueva sinapsis en el cerebro. A no ser que se haga a través del juego, en cuyo caso se necesitan entre 10 y 20 repeticiones."
En un reciente artículo en la Revista Científica de Salud y Desarrollo Humano sobre Investigación en Neuroeducación podemos leer afirmado:
"El juego no es meramente una actividad recreativa; es una metodología arraigada en la neurociencia contemporánea que accede a regiones cerebrales asociadas con la emoción, la exploración y el pensamiento simbólico."
También nos cuenta Instituto de Desarrollo Infantil, Universidad Texas Christian, acerca del juego:
"El aprendizaje lúdico estimula áreas cerebrales asociadas con la memoria, la atención y las funciones ejecutivas, facilitando procesos como la resolución de problemas y el pensamiento crítico. El juego promueve conexiones neuronales en edades tempranas."
"El juego, a través de la curiosidad y experimentación, libera dopamina y genera atención sostenida que elabora propuestas, soluciones y desarrollos. Así es como se produce el aprendizaje espontáneo y significativo en la primera infancia."
Viendo todos estos textos, podemos sentirnos con confianza de afirmar que el juego:
Activa emoción y motivación.
Libera dopamina.
Facilita la atención sostenida.
Favorece la memoria y las funciones ejecutivas.
No es recreo. Es neuroeducación aplicada.
A mí me castigaron de pequeño y salí bien
En otras ocasiones nos encontraremos con las familias ofreciéndote otras maneras de usar la disciplina en el aula. Tú, como educadora, con formaciones, estudios y experiencia, has encontrado una manera de usar una disciplina que funciona y con la que te encuentras cómoda. Unas sugerencias de cómo el abuelo de tu alumno, sin toda esa formación que tú tienes, sin conocer estudios actualizados, disciplinó a los padres de tu alumno no te hacen ninguna falta. Tampoco queremos, en ningún caso, ser maleducadas con las familias, y hay que encontrar maneras de justificar lo que hacemos.
De nuevo empezamos con Jean Piaget, que ya nos venía avisando:
"El objetivo principal de la educación debería ser la creación de hombres y mujeres capaces de hacer cosas nuevas, no simplemente repetir lo que otras generaciones han hecho."
Rebeca Wild nos lo cuenta con preciosas palabras:
"Para nosotros, adultos que a menudo hemos sido educados y restringidos por límites, no es fácil comprender que en realidad los límites pueden tener la función de definir un espacio en el cual se puede actuar con independencia y libertad y en el cual se puede dar un verdadero desarrollo humano."
Veamos lo que explica Daniel J. Siegel, de una manera muy práctica:
"Los límites amorosos no solo protegen al niño, sino que también refuerzan la conexión entre padres, educadores y niños. Un límite claro comunica cuidado y respeto."
Veamos las palabras de David Bueno en su libro “Neurociencia para educadores”:
Si se aprende con miedo el cerebro asocia el hecho de aprender cosas nuevas a la emoción de miedo, y por lo tanto cuando ya no tengan la obligación de ir a un centro educativo, posiblemente nunca más querrán aprender cosas nuevas, porque solo pensar que tienen que aprender algo nuevo les generará automáticamente miedo. O alternativamente no disfrutarán de seguir creciendo como personas a través de nuevos
aprendizajes, porque el miedo es un sentimiento muy incómodo y desagradable.
Aprender a través de la alegría y el placer contribuye a dejar huella en el cerebro. No es una emoción tan poderosa como el miedo, pero aprender con placer hace que las personas sientan placer por aprender cosas nuevas.
Y es que leyendo estas frases dejamos claro que no importa la manera de impartir límites claros, dejando igual de claras las libertades que los niños tienen para respetar esos límites, sino que vemos que el vínculo seguro que los niños establecen con sus educadoras es valiosísimo. Como nos dedicamos y cuidamos mucho los vínculos que creamos con los alumnos, es importante también explicar la importancia de por qué lo hacemos.
Veamos este texto del Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano:
"El estudio longitudinal del NICHD* sobre el desarrollo temprano del niño y la atención temprana infantil encontró que los niños que tenían relaciones seguras y de alta calidad con sus cuidadores mostraban mejores habilidades cognitivas y de lenguaje. Además, estos niños tenían mayores habilidades de resolución de problemas y una mayor capacidad para concentrarse y mantenerse en tareas desafiantes."
Con estos textos espero que te sientas segura para poder afirmar:
“Hoy sabemos mucho más sobre cómo aprende el cerebro infantil.”
“Buscamos que los niños aprendan desde la seguridad, no desde el miedo.”
“Nuestro objetivo no es obediencia inmediata, sino autorregulación futura.”
Cómo también poder decir con total seguridad que aprender con alegría y seguridad emocional:
Favorece la memoria duradera.
Genera motivación intrínseca.
Fomenta el deseo de seguir aprendiendo.
Con todas estas frases y textos, lo que me gustaría es recordar que el trabajo realizado educando la primera infancia tiene un valor incalculable; lo que se hace a diario importa y mucho.
Es cierto que recibir comentarios de este estilo puede hacerte dudar de lo que están haciendo; es importante que revises y valores que tus prácticas están alineadas con tus creencias sobre la educación. Recuerda que para reforzar tus usos de límites, tus ideas sobre vínculos seguros, como apoyar la autonomía, la importancia del entorno, cómo promover la atención y demás puntos clave en esta etapa tan preciosa e importante, revisa el curso Liderazgo WISE. Y si no lo hiciste ya, ¡apúntate! Y revisa y refuerza los pilares de la etapa infantil.




