
Presencia real con tus hijos: cómo el móvil nos aleja sin que lo notemos
El otro día leí una noticia en La Vanguardia que no podía dejar de rondarme la cabeza: el Gobierno de Suecia está pidiendo a los adultos que se alejen del móvil cuando están con sus hijos. No a los niños. A los adultos. Y eso me hizo pararme a pensar: ¿realmente estamos presentes cuando estamos con los peques?

La presencia en la infancia no es un lujo, es una necesidad
Hay algo que sabemos bien quienes acompañamos a niños pequeños: la presencia adulta es uno de los pilares más importantes del desarrollo en estas edades. No basta con estar físicamente en la misma habitación. Los niños perciben cuando estamos con ellos de verdad, y cuando estamos, pero en realidad estamos en otra parte.
La infancia temprana —esos primeros seis, siete años de vida— es el período en que el cerebro crece más rápido, en que se construyen los vínculos de apego, en que el niño aprende a leer el mundo a través de las personas que tiene cerca. En ese aprendizaje, la mirada del adulto importa. La disponibilidad emocional importa. Y el móvil, casi sin que nos demos cuenta, nos roba esa disponibilidad.
Lo que los expertos nos están diciendo
La noticia de Suecia no es anecdótica. Los pediatras y psicólogos que participaron en el análisis citado señalaron algo que resume bien el problema: los hijos de adultos que abusan de las pantallas acaban comportándose de forma parecida. Los niños no aprenden lo que les decimos, aprenden lo que ven que hacemos.
Desde el Ministerio de Infancia y Juventud de Suecia también señalaron que la evidencia científica muestra que los hábitos digitales de los adultos influyen de forma significativa en los comportamientos de los niños. Dicho de otra manera: nuestra relación con el móvil es un modelo que los peques están copiando constantemente.

¿Presencia real o presencia física?
Podemos estar sentadas en el suelo del salón mientras el niño juega y al mismo tiempo estar completamente ausentes. Eso es lo que ocurre cuando tenemos el móvil en la mano: nuestra presencia es física pero no emocional.
La presencia real implica:
Mirar a los ojos cuando el niño nos habla.
Notar sus estados de ánimo sin que nos los tengan que verbalizando.
Responder de forma contingente, es decir, reaccionar a lo que ocurre en el momento.
Acompañar el juego sin dirigirlo, simplemente estando disponibles.
Nada de esto es posible cuando parte de nuestra atención está en una pantalla.
El esfuerzo consciente de estar
Aquí viene la parte incómoda: para la mayoría de adultos de hoy, desconectar del móvil cuando estamos con los niños requiere un esfuerzo activo. No ocurre de forma natural. El dispositivo está diseñado para captar nuestra atención de manera continua, y nuestro cerebro responde a esos estímulos casi de forma automática.
Por eso la solución no es "intentar mirar menos el móvil". Eso raramente funciona. Lo que sí funciona es crear hábitos concretos: momentos y lugares definidos donde el móvil no está presente, en lugar de luchar contra el impulso de mirarlo a lo largo de todo el día.
En mi experiencia acompañando familias, los rituales más sencillos suelen ser los más efectivos:
La comida sin móvil sobre la mesa.
La hora del baño y el cuento de antes de dormir como momentos completamente libres de pantallas.
Una franja concreta del día —por ejemplo, después de que los niños se acuesten— para revisar notificaciones y mensajes.
No se trata de perfección. Se trata de intencionalidad.

Cómo empezar: un hábito a la vez
Si esto te resuena y quieres hacer algo concreto esta semana, te propongo empezar por una sola cosa: elige un momento del día con tus hijos y comprométete a que en ese rato el móvil no existe. Solo uno. El que tú elijas.
Puede ser el camino al cole. O el rato de juego libre después de comer. O los primeros quince minutos cuando llegan a casa.
Observa qué pasa. Observa qué notas en ellos. Observa qué notas en ti.
La presencia no es un concepto abstracto. Es algo que los niños sienten y que nosotros podemos elegir darles.
También pásate a ver las 10 formas de crear hábitos digitales saludables en casa que presenta Unicef.
Para reflexionar juntas
¿En qué momentos del día sientes que el móvil te desconecta de tus hijos o alumnos? ¿Hay algún ritual que ya uses para proteger esos ratos de presencia real? Cuéntanos en los comentarios: me encanta aprender de otras educadoras y familias que están pensando estas cosas.
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